Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
La gran aventura

Caminante no hay camino se hace camino al andar

Han pasado ya muchos días desde la última entrada... ¡Qué ganas tenía de seguir compartiendo aventuras! Y cuánto me ha costado volverme a arrancar. Y es que, aunque muchos penséis que viajando la vida se ve de color de rosa, llena de unicornios y que los problemas desaparecen, no es así en absoluto. Se adquieren nuevas perspectivas y se viven muchas experiencias, cierto, pero las preocupaciones, la tristeza y los miedos siguen acompañándote cada dia.

Llevamos en Borneo ya tres semanas y parece que fue ayer cuando llegamos. Pero no nos engañemos... parece que hemos dejado de movernos y que ahora vivimos aqui. ¿Cómo? La vida aquí es demasiado sencilla y a la vez está llena de pequeños placeres que, de alguna manera, han hecho que este oasis montañoso nos haya enamorado.

Desde que hemos llegado a los pies de la montaña Kinabalu he gastado exactamente 3€...y de eso hace tres semanas ya. Dormimos en una habitación muy acogedora que hemos convertido en nuestro hogar. Incluso hemos colgado lucecitas para por la noche.

Nuestra guarida en Kinabalu

Desayunamos tostadas con tomate o deliciosas tortitas con leche condensada y comemos muchas verduras y fruta. Disfrutamos de agua caliente por primera vez en un par de meses.Tenemos bajo nuestros pies una verde pradera sumergida entre enormes montañas para practicar yoga, deporte, tomar el sol y leer.

La casa de la pradera

Podemos utilizar incluso un pequeño gimnasio que tiene nuestro anfitrión, Jack. Conocemos a gente de diferentes nacionalidades que pasan por aquí o van a escalar la montaña. Y hasta salimos a beber «rice wine» o cervezas por Kundasang, al pueblo más cercano, con grupos de huéspedes. Sin olvidarnos de las horas que pasamos con Bebe (una mujer filipina de 51 años que trabaja con nosotras) y Ana (una divertida compañera indonesia de 35 años que también lleva unos años trabajando aquí). Tengo pendiente contaros más cosas sobre ellas.

Ana y Bebe

Y todo eso es gratis a cambio de conducir un rato cada día, cocinar de vez en cuando y cambiar algunas sábanas. ¿Alucinante? Lo sé.

Cuando pienso lo diferente que era mi vida hace unos meses... Cuando me recuerdo a mí misma angustiada por ahorrar, por el dinero que podía ingresar cada mes después de pagar un alquiler, pagar mis gastos y quizá permitirme algún capricho. Cuando pienso en esa niña de 31 años recién cumplidos paseando por Madrid como si alguien me persiguiera para llegar cuanto antes a cualquier sitio, sin tiempo para dedicarlo a las cosas o personas que más me importaban, sin ni siquiera ser capaz de sacar tiempo para mí misma. Y no hablo de tiempo para dormir una siesta, hacerme las uñas o relajarme. Hablo de no tener tiempo ni energía si quiera para reflexionar sobre el tipo de vida que estaba llevando. ¿Qué lógica podía tener? Antes no era capaz de verlo tan claro como lo veo ahora.

¿Qué ha cambiado? Muchas cosas. El entorno no tiene nada que ver. Las comodidades, tampoco... pero sin duda, he cambiado yo, ha cambiado mi perspectiva ante muchas cosas. El tema del dinero me sigue agobiado bastante, siempre lo ha hecho. Pero quiero combatir ese miedo con nuevas ideas que me permitan no caer en el ritmo frenético en el que había caído sumergida. Estar aquí compartiendo cada día con Ana y Bebe, dos personas extranjeras que trabajan todo el día a cambio de 200€/mes que envían a sus familias, me ha ayudado a mirar con otro cristal el ritmo de vida que llevaba en Madrid.

Durante los pasados largos días mi santa y bendita familia, ésa en la que tanto me ha costado apoyarme en etapas anteriores de mi vida, me ha ayudado a gestionar lo que ha sido para mí un punto más de inflexión en mi vida: una mudanza a distancia, para abandonar definitivamente el que había sido mi hogar los últimos meses en Madrid. Gracias al esfuerzo (inmenso) del equipo familiar y tras una buena panzada de llorar, pedir muchos muchos favores a familia, familia adoptiva y amigos que aún no sé cómo voy a devolver y circular mensajes de ayuda y venta de muebles, parece que está todo medio encaminado (salvo la cama,que por cierto sigue en venta, aprovechó cuña publicitaria). Oficialmente ya no «tengo» (en alquiler) ninguna casa a la que volver si regreso a Madrid. Mi vida se encuentra actualmente metida en cajas repartida entre casas de familiares y familia adoptiva.

Mi vida en cajas

Mentiría si dijera lo contrario, pero asusta más de lo que imagináis. Supongo que es parte de este proceso, es una consecuencia más de las decisiones que estoy eligiendo tomar. Para poder emprender el vuelo tengo que desprenderme del lastre que me ancla a una rutina en la que ahora mismo no quiero sumergirme de nuevo. Perseguir sueños tiene su precio.

Siento que cuento con vuestro apoyo, el de familia y amigos que me dejaríais un trocito de suelo o de sofá si fuera necesario. Pero aún así, asusta. Y es que he pasado 30 años estructurado y enfocando mi vida para obtener un trabajo estable en el que cobrar un sueldo que me permitiera mantener el ritmo de vida que mantenía gran parte de mi entorno. Pero yo ni siquiera me había planteado si era eso lo que yo realmente quería hacer.

Y eso es lo que me ha permitido cuestionarme este viaje. Y la respuesta tras la reflexión ha sido clara: quiero vivir mi vida cumpliendo sueños y disfrutando. ¿Será posible? No lo sé. Yo lo voy a intentar.

Estos días he reflexionado mucho y Julia, también. A veces las paredes o las montañas parece que se nos caen encima. Y otras veces me inunda la calma y la felicidad mientras practico algo de yoga bajo el sol y arropada por las montañas. Nuestra mochila nos acompaña y viene siempre con nosotras llena de ideas, recuerdos, preocupaciones, tristeza, alegría, sonrisas, incertidumbre, miedo y algún fantasma del pasado. Pero esta montaña, este oasis, nos está ayudando a crecer en nuestra consciencia.

Y es entonces cuando sin quererlo, esa frase que encabeza este post resulta tener mucho sentido en mi cabeza y en mi corazón. Supongo que lo importante, siempre, es seguir caminando... ¿Hacia dónde?... camina... tú, camina. Camina siguiendo los consejos de tu alma y la música de tu intuición. Y si puedes, camina y baila. Camina sintiendo que estás donde quieres estar y baila disfrutando de la melodía de tus sonrisas, aunque te llamen loco. Ya veremos a dónde nos llevan nuestros pasos.

 

Compartir este post

Repost 0
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:

Comentar este post

Roberto 06/24/2018 00:59

hola soy roberto el primo de tu madre Suca.he estado unos dias en el.puerto y me han enviado los enlaces.Me gustan mucho tus experiencias.Sigue siendo tan felíz como demuestras.un beso