1 Junio 2018
Y, de repente, me vi buceando en internet y preguntando a los locales sobre temas muy concretos del país que ahora visitamos, al más puro estilo Tajuelo (Ale, concretamente), quien me sonríe ampliamente mientras murmura "¡he creado un monstruo!". Todo se pega, dicen.
Así que aquí me hallo, dispuesta a compartir mis pesquisas sobre la política malaya (nivel básico) en el blog de mi amiga y compañera de viaje. Todo un honor.
Lo primero, un poquito de historia para abrir boca...
Malasia formaba parte del Imperio Británico y fue invadida por Japón durante la Segunda Guerra Mundial. Los malayos lucharon contra los japoneses primero y contra los británicos después, independizándose en 1957, año en el que entró en vigor su Constitución y comenzó la democracia. Sin embargo, no fue hasta 1963 que nació Malasia como la conocemos ahora (geográficamente hablando). Para llegar a ese momento tuvieron que enfrentarse a restos del Imperio Británico, riñas con Singapur hasta que fue expulsado de Malasia, problemas raciales... En fin, un lío.
El caso es que desde 1957 Malasia es una democracia, aunque la censura está más presente que en otras. Por ejemplo, la homosexulidad conlleva condenas de 20 años (por besarse en público) o pena de muerte (por mantener relaciones sexuales no heterosexuales), y las voces que se alzan en contra del gobierno tienden a ser reprimidas sin excesivos miramientos.
Malasia es una monarquía electiva, lo cual quiere decir que tiene rey, y que éste ¡es elegido! No como en Europa, que lleva la corona el hijo del hijo del hijo (sangre azul todos). Los malayos lo llaman Yang di-Pertuan Agong, que quiere decir Gobernante Supremo.
¿Quién lo elige? Los sultanes de los estados malayos, que eligen de entre ellos al que será el rey del país durante 5 años. ¿Cómo lo eligen? Pues no tienen que pensar mucho: se trata de un sistema rotatorio. El orden fue definido de mayor a menor antigüedad (cuántos años llevaba cada sultán al frente de su estado) y cuando se completa una vuelta se empieza de nuevo, y así sucesivamente. Atentos: al proclamarse el nuevo rey, éste tiene que jurar venerar el Islam (religión oficial de Malasia a pesar de que conviven creyentes de diferentes religiones).
Con todo, el papel de la monarquía en Malasia es muy limitado y mayoritariamente simbólico. Tienen Parlamento, compuesto por una Cámara Baja ("del pueblo") y el Senado o Cámara Alta ("de la Nación"). Y un Gabinete nacional dirigido por el Primer Ministro. También cuentan con una Constitución, que es la ley suprema del país y que ha sido enmendada muchas veces (la última en 2009).
Resulta que nada más llegar a Malasia tuvimos la suerte de vivir las elecciones de gobierno en vivo y en directo. ¿Qué partidos son los principales?
El Frente Nacional, que llevaba gobernando desde la independencia de Malasia (¡60 años!) y es bastante conservador. En malayo se llama Barisan National.

El partido Alianza de Esperanza, en malayo Pakatan Harapan (emblema rojo y azul), con un señor de 92 años a la cabeza. Irónicamente, son el partido más progresista.

Según fuentes no muy fiables (un turista que conocimos en el restaurante de Tioman), la tercera fuerza política principal era la de los Hermanos Musulmanes (miedo miedaco), que pretendían imponer la ley islámica o Sharia. En súper resumen: si robas te corto la mano.

¿Quién ha ganado las elecciones? Chan chan... ¡Alianza de Esperanza! Los pocos locales con los que hemos podido hablar del tema estaban encantados.

Perooo... ¿Cómo es que se ha dado este cambio después de 6 décadas con el mismo gobierno? Porque los del Frente Nacional se pasaron con la corrupción.
Dato: votan los mayores de 21 años (no a partir de los 18, como ocurre en España), y no es obligatorio.
Y, de momento, ¡esto es todo, amigos! Aunque os confieso que se me quedan un montón de preguntas abiertas: ¿cuánta es la implicación real de la religión en la política? ¿Qué pasará cuando el anciano nuevo Primer Ministro se retire? ¿Qué cambios va a conllevar que por primera vez ya no gobierne el Frente Nacional? Yo me quedo con la intriga, tendré que seguir atenta a lo que cuenten los locales, porque de momento no doy para tanto como para leer los periódicos en malayo...
Ps. Durante mis pesquisas he descubierto algo que me ha dejado atónita. Resulta que los sultanes pueden ser jóvenes y delgados, no necesariamente graciosos abueletes rechonchos como el padre de Jasmin en la peli de Disney de Aladdin. Yo alucino.

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