Overblog
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
La gran aventura

Vivir es la aventura más grande que existe

Bailando bajo la lluvia

El camino de vuelta a España ha comenzado. Instintivamente iba a escribir «el camino de vuelta a casa»... Pero me he dado cuenta de que uno de los pasos que he dado durante este viaje ha sido dejar el piso que tenía alquilado en Madrid. Así que dejémoslo en que el camino a España ha comenzado.

Salir de Kuching, la última ciudad de la isla de Borneo en la que hemos estado, no fue fácil ya que habían sido días intensos de despedidas. Sabíamos que irnos de allí era irnos de la isla de Borneo, en la que dejábamos muchas cosas. Más que cosas, dejábamos un trocito muy grande de nosotras mismas.

Cuando el camino de vuelta comienza es irremediable echar la vista atrás y tratar de recapitular los lugares visitados, las personas que han formado parte de tu aventura, los olores a curry, los gritos de los niños peleándose por jugar a UNO o los espacios que he transformado en mi hogar. Tratas de recordar todos los momentos vividos muy intensamente para sentir que los atrapas y asegurarte de que no se van a ir de tu memoria. Los recuerdas incluso para tratar de revivirlos de nuevo... como si eso fuera posible.

Hago un esfuerzo y pienso en la persona que dejó su trabajo hace 4 meses y medio. En la persona que decidió regalarse un viaje con su mejor amiga de la infancia, sin saber a dónde iba, cuándo volvería o lo que iba a vivir. Me recuerdo. Soy capaz de cerrar los ojos y recordar a una persona a la que la vida que estaba viviendo le estaba atrapando, y no precisamente en el buen sentido. Me recuerdo saliendo de Madrid un día laborable en el metro (ese que vuela) en plena hora punta, vestida con mis mallas y con mi macuto a cuestas. Nerviosa, cansada y creo que algo asustada.

No tenía ni idea de todo lo que iba a vivir. Yo preocupada por si llevaba suficiente ropa de abrigo... ¡Qué ingenua! Como si eso fuera a ser importante.

Esa Ale salió de Madrid hace 4 meses...Y a veces pienso que fue ayer y otras veces tengo la sensación de que han pasado 4 años.

El viaje comenzó con los olores a curry, la invasión del espacio personal, las oraciones de colores al viento. India me regaló la oportunidad de empezar a abrir mi corazón a un grupo de niños en una escuela al norte del país, escondida entre las montañas. Re-aprendí a tener paciencia, a empezar a dejar de pelear conmigo misma. Aprendí a hacer pan, me inicié en el reiki «en familia» y descubrí el yoga. Aprendí a saludar al llegar a casa, ya fuera a Ruperta o a Julia, después de 5 años viviendo sola. Descubrí que la curiosidad es una cualidad que me caracteriza y que escribir me hace sonreír mucho. Fui a una boda hindú, compartí un día de montaña con niñas increíbles, aprendí a jugar a UNO, vi y escuché al Dalai Lama y tuve la suerte de charlar con mujeres tibetanas. Viví muchísimos momentos especiales e inolvidables, que transformaron a la persona que aterrizó en una persona más segura, abierta, risueña y social. Pero sin duda, los mayores regalos que me hizo India fue ayudarme a romper moldes, volver a abrir mi corazón y conectarme con mis ganas de intentar hacer de este mundo un lugar mejor.

Mcleod, Dharamshala, India

Salí de India sintiendo que no sería la última vez que lo visitaría. Y pasamos de estar viviendo en un colegio en mitad de las montañas cerca de la frontera de Pakistán a trabajar en un restaurante en una isla paradisíaca de Malasia, Tioman. Empezaba una nueva etapa, donde las arañas se cambiaban por mosquitos y serpientes y el tiempo con los niños por atender y charlar con clientes de cualquier parte del mundo. Y sin darnos cuenta, pasamos 3 semanas en medio del océano utilizando nuestro tiempo libre para perdernos con un kayak. Vivimos unas elecciones históricas en pleno Ramadán y continuamos jugando a UNO, riendo y bailando. No había tarde que no mirásemos absortas los atardeceres que esa isla nos regalaba. Redescubri mi afición por la pintura y recordé las ganas que tengo de involucrarme en proyectos, estrategias o ideas que cuiden o protejan el medio ambiente y la naturaleza.

Los atardeceres desde la puerta de a habitación de la isla de Tioman

Salimos de Tioman porque sentíamos que teníamos que hacerlo, pero no nos imaginábamos que nuestro siguiente destino lo elegiría un amable empleado de una compañía aérea. Y así fue como aterrizamos en Borneo, la isla en la que hemos pasado algo más de 2 meses. Hacer un resumen de todo lo que he vivido en la isla me resulta realmente complicado.

Sin saber muy bien cómo, la montaña Kinabalu y la naturaleza comenzaron a ser nuestro hogar durante algo más de un mes. Nos sentíamos hermanas de Bebe y Ana, hijas adoptivas de Jack (el dueño), primas de Ansel (el hijo de Ana) y amigas de cada una de las personas que aterrizaba en ese paraíso. Las tostadas y pancakes eran nuestro desayuno favorito, las verduras la mejor comida de todo el viaje y el césped el mejor gimnasio que he tenido nunca. Me he sentido en casa, he conocido a gente muy interesante y especial y he conducido por el lado izquierdo. He vivido en medio de la montaña respirando oxígeno puro, me he cuidado con una alimentación sana y con ejercicio.

Atardeceres en Jungle Jack, montaña Kinabalu, Sabah, Borneo

Salir de ese paraíso fue muy complicado. Y sólo con gente tan especial como la que nos encontramos fue posible. Y así, por comenzar una nueva aventura cerca de gente con la que nos sentíamos muy bien, fue como salimos del norte de la isla de Borneo para recorrer 1.300 km hasta la ciudad de Kuching (sur) haciendo autostop con una pareja de franceses.

Equipo Borneo Express. El norte de la isla de Borneo haciendo autostop.

Realmente escribir y resumir el viaje me resulta muy complicado.

Durante prácticamente 3 de los 4 meses he trabajado a cambio de alojamiento y comida. Un colegio de educación libre en India, un restaurante en una isla paradisíaca y un hostal de mochileros a los pies de la montaña más alta del sudeste asiático. Aunque parezca utópico, esto me ha servido para darme cuenta de lo poco que hace falta para vivir en realidad.

Demasiados momentos, muchas personas, grandes carcajadas y mucha música. 

He recuperado esas carcajadas sonoras y ahora no hay día que no suenen más de una vez.

Puri y Loli... esos personajes que surgieron mientras dos payasas nadaban moño en alto en los mares de Tioman después de haber hecho las camas del hostal. Hemos dejado de llamarnos Ale y Julia.

Puri y Loli

Hay cosas que nunca volverán a ser como antes, ahora tienen un nuevo significado. Mirar un cachorro sin pensar en Mav, el sonriente viajero del ukelele que conocimos en India, va a ser prácticamente imposible. Hablar de los corales y cualquier cosa que esté «bajo del mar» sin pensar en la cara de emoción de Fabi, el biólogo alemán que conocimos en Tioman y con quien hemos pasado nuestro último día en Kuala Lumpur, va a ser difícil. Escuchar «in the Navy» o jugar a Cabum y no parar de sonreír pensando en nuestros compañeros de Borneo Express. Desear «good luck» intentando imitar la cara de Ana o escuchar a Johnny Cash sin pensar en nuestra casa en la montaña de Kinabalu. Jugar a UNO sin pensar en los niños de India o en Morgane. Pensar en las ganas que tengo de pasar un tiempo en una granja rodeada de animales y no ser capaz de imaginar esa granja sin Lucie, esos ojos verdes que nos enseñaron a hacer pan en India. Imposible pronunciar Kuching sin cantarlo. Hacer yoga sin cerrar los ojos e imaginarme en el césped de mi hogar en la montaña Kinabalu, Borneo. Y pasar 24 horas al día con mi Puri... ¡Eso sí que lo voy a echar de menos!

Una de las cosas que he confirmado en este viaje es que la gente de la que te rodeas es fundamental. Ellos tienen el poder de transformar tu vida. Cuando te rodeas de gente que no sólo te permite crecer, sino que te impulsa a hacerlo, la vida se vuelve mucho más fácil y completa. Cuando te rodeas de gente sincera y con la que puedes pasar horas hablando sobre sentimientos, ciencia, política, historia o cualquier tema, creces. Cuando te rodeas de gente que ríe y a la que le gusta hacerte reír, es imposible pasar un día entero sin soltar una carcajada de esas que retumban en la otra parte del mundo. Cuando te rodeas de gente que te quiere y es capaz de demostrártelo, tu corazón se hincha como un globo de ese tipo de amor que no quieres dejar de compartir ni un segundo. Y a veces me pregunto, ¿Las personas que me han hecho sentir así, serán conscientes de todo lo que me han regalado?

Durante estos meses he dejado de «tener» un trabajo estable y un piso en Madrid. Pero siento que he encontrado muchos hogares en rincones del mundo y en personas que nunca hubiera imaginado. Porque las personas pueden ser tu hogar. Y si no, que se lo pregunten a mi Puri.

La primera parada en el camino a España ha sido en Kuala Lumpur, capital malaya, ciudad de rascacielos y puestos de comida callejeros ubicada en la península. Hemos pasado unos días aquí para poder compartir una tarde con unos amigos en su luna de miel (a pesar de no haber podido ir a su boda) y disfrutar del último día con Fabi, nuestro amigo biólogo que conocimos en la isla de Tioman.

Qué vivan los novios
Con Fabi

¡Y cómo es de irónica la vida! Hemos pasado estos últimos días en el barrio indio de la ciudad, comiendo paneer naan y un sin fin de currys. Por lo que esta etapa se cierra como empezó, con el olor y el caos de India... aunque con una Ale muy diferente y llena de emocionantes recuerdos. Con una Ale que se ha despedido de Malasia bailando durante horas.

El viaje no ha hecho más que empezar.

 

Bailando bajo la lluvia
Compartir este post
Repost0
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post